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“Saqué provecho del poder transformador de la maternidad y del de la migración”

Cecilia Pellegrini – Psicóloga

Siempre me emociono cuando conozco personas a las que las mueve el ayudar al otro. Como si fuese una necesidad vital. Escuchar, empatizar, ponerse en sus zapatos y tender una mano de forma desinteresada. Muchas veces, el sentirte comprendida y escuchada es todo lo que necesitas para reconfortarte. Esto, Cecilia lo vivió en sus puerperios y sus migraciones, y quiso hacer lo mismo con otras mujeres en su espacio de encuentro “Mamá expatriada como tú”.

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¿Qué fue lo que tú viviste como mamá expatriada y que te llevó a trabajar con mujeres en esa situación?

Emigré por primera vez cuando mi hija tenía ocho meses. En todos los países donde viví, Venezuela, Italia y España me encontraba con mujeres en el parque, columpiando a su hijo, con la mirada perdida, como extraviada en el tiempo. Entonces me acercaba, conversaba, le preguntaba si tenía familia. Y empezábamos a hablar de una manera muy profunda. Conectaba con mujeres que habían venido de todas partes, de Rusia, de Ucrania. Y cuando llegaba a mi casa, me sentía bien, lograba que se fuera un poco mi propia sensación de soledad y sentía que la otra persona se había iluminado un poco más.

El discurso de las mujeres que migran siempre es el mismo. Se sienten muy solas y no tienen con quién desahogarse y contar verdaderamente cómo se sienten.

¿O sea que a pesar de haberlo elegido, la tristeza igual se hace presente?

¿Cómo no vas a pasar por un duelo cuando tú te alejas de tus amigos, de tu familia, de tus lugares, de tu rutina, tu seguridad?

La forma de sobreponerse en un duelo, en una pérdida, es meterse hacia adentro, procesarlo y luego comenzar a salir. Pero en la migración, no hay tiempo de ponerte de duelo, porque hay tantas cosas que resolver y sostener. Pero hay que darse el tiempo para parar y pensar todo lo que atravesaste.

A mí se me juntaba el duelo migratorio con el duelo de una mujer cuando se convierte en madre y deja de ser la mujer independiente que era para pasar a estar en constante fusión con su bebé, con muy poca libertad, con el cuerpo que cambió… Por lo tanto fue intenso.

Y tampoco lo podía hablar con mis amigas o mi familia que estaba en Argentina. Porque el comentario era “¿cómo no vas a estar bien si estás en Europa, con tu familia, con trabajo, si fue tu elección?”. Y es cierto que hay una parte tuya que está bien, pero también hay una parte que está triste y esa parte es la que no se puede contar porque hay poca gente que quiere escuchar. 

Pero volvería a elegir la migración, sin duda. Todo tiene su luz y su sombra.

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Una de las cosas que más sufrí durante el primer año fue la incapacidad de poder afrontar correctamente la demanda de la crianza de dos niños pequeños. Elaborar el propio duelo, sostener a tus hijos, rearmar tu vida, ¿cómo se logra sin perder salud mental?

Para mí, una de las cosas más estresantes de la migración es cómo cambia todo el entorno. Cuando llegas a un nuevo país, tu cabeza está alerta las 24hs, un estado de estrés y de percepción continuo. Aprendiendo, leyendo, para salir a la calle, para volver a tu casa y no perderte, para saber dónde está el supermercado, para entender otro idioma, para saber dónde están tus hijos mientras tú estás averiguando cómo hacer los trámites, todo es información nueva y hasta te cuesta dormirte por el estado de alerta.

Yo recomiendo ir a terapia durante el primer tiempo, para tener un lugar donde depositar todo ese desorden mental, emocional, de ideas. Un lugar donde te digan “bueno, empezamos por acá”, que te organice. Así mismo, recomiendo encuentro de grupos de mujeres, de lactancia, de Facebook, sociales, lo que sea, donde te sientas identificada.

Porque también puede pasar que hables con tus amigas o con tu familia, que no pasaron lo que estás viviendo y que tienen ganas de que vuelvas y quizás la respuesta sea “bueno, si estás triste vuelve”. Pero lo que necesitas que te digan es “a mí me pasó lo mismo”. Y tienes que seguir intentando, probando, resolviendo y si a la larga no funcionó, ahí valoras si quieres volver o buscar la alternativa.

Y la relación con la pareja también es difícil al momento de migrar porque también migró, está estresada, le pasan las mismas cosas y es difícil alojarse el uno al otro en esta situación. Y es necesario desahogarte, si no puedes en tu casa, busca un lugar, un grupo, lo que sea para expresarte y luego volver a casa más feliz.

Y otra cosa que me parece importante, es tener en cuenta que uno debe intentar vivir donde vives como si lo fueses a hacer toda tu vida. Aunque el día de mañana te vuelvas a tu país o te vayas a otro. Que tu cabeza esté como que te quedas a vivir aquí. Porque pensarlo de esa manera, estructura y alivia la mente.

Después de todo lo que hicimos, desarmar una casa, una vida, volver a armar todo de nuevo, trámites, duelos, conocer nuevos amigos, etc., ahora siento que puedo lograr cualquier cosa. Esa sensación de fortaleza, intento no olvidarla y que me siga acompañando. Fue la mejor enseñanza que me dejó la migración. ¿Cuál fue la tuya?

Cuando uno deja su país, deja lo seguro, lo establecido, las normas, los códigos, el confort. Y lo que se genera es una sensación de libertad, de que si pudiste con eso puedes con todo. Hay que atravesar una tormenta fuerte, pero la recompensa de llegar, es increíble.

A mí me dio mucha fortaleza, cambió mi mentalidad, ya no puedo volver a ser la misma de antes. Lo veo en las experiencias, en mi forma de pensar. Antes era más estructurada y ahora no puedo serlo. La estructura mental se reconstruye ante una crisis tan fuerte. Saqué provecho del poder transformador de la maternidad y del de la migración. Me dio la posibilidad de reinventarme, de jugar distinto, y con la sensación de fortaleza.

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Para los que viajan ya teniendo hijos, ¿cómo podemos preparar a los niños?

Hay que contarles lo que va a pasar en un lenguaje adaptado a ellos, y hacerlos partícipes del proceso: dónde van a vivir, el porqué de lo que se está haciendo, siempre dentro de sus posibilidades y no dándoles mucha información que no puedan elaborar. Es importante no hablar de los temas difíciles delante de los niños. Ellos también están con la cabeza alerta.

Ponerles objetivos individuales, algo que los emocione, un premio por el esfuerzo que están haciendo es una buena alternativa: un regalo cuando lleguen, una visita a un parque de diversiones o algo especial del lugar al que van a vivir, etc.

También hay que saber que van a estar más irritables, más ansiosos, más rebeldes. Tener mucha paciencia.

¿Y cuál es la manera de ayudarles a poner en palabras su propio duelo cuando son pequeñitos?

En una migración con niños pequeños, hay que tener en cuenta que la madre funciona muchas veces dentro de la familia como matriz, como unión de todas sus partes. Es necesario cuidar mucho a la mamá, porque ella sostiene a los hijos y a la familia. No digo que al papá no, pero en general el padre, es el que menos queda en casa y es el que está más sociabilizado en el nuevo contexto.

El equilibrio emocional en la casa es lo que va a estructurar a los niños, lo que les va a dar seguridad para que ellos puedan adaptarse a ese nuevo país.

Tenemos que hablar mucho con ellos, contar lo que está pasando, tener mucha paciencia, escucharlos, no exigirles. Dejar que hagan su propio proceso, que elaboren esta nueva experiencia.

El juego es un recurso muy útil porque nos facilita llegar a los niños pequeños mejor que con palabras. Podemos jugar a que las cosas cambian de lugar, o jugar con muñequitos a que estamos en la escuela y otro nene habla en otro idioma y a mí no me gusta… desarrollar escenas que creemos que pueden estar viviendo y cómo se podrían resolver. También leer un libro, contar tu propia experiencia o la de alguien conocido que migró.

Y saber que son muy perceptivos. Que si tú no estás segura de lo que estás haciendo, le vas a
transmitir inseguridad.

Y sobre todo respetarlos. Que si el nene no quiere hablar por Skype con la abuela, no pasa nada. Tu hijo es prioridad. Tiene que adaptarse y hay que darle tiempo.

Y también es importante saber que esta nueva experiencia va a significar una aportación muy favorable en la mente de tu hijo, para su cabeza en construcción: el aprender un nuevo idioma, relacionarse con gente de otras nacionalidades, la capacidad de adaptación. Los llamados niños de la tercera cultura.

En cuanto al círculo social, las amistades, ¿es muy difícil reconstruir tu círculo social en otro país?

Lo que yo recomiendo cuando uno va a otro país es sonreír todo el tiempo, suena raro pero a mí me abrió muchas puertas. Intentar conversar, acercarte, no cerrarte. Porque una persona te conecta con otra y así vas armando tu red.

En Italia, llegó una familia brasilera al colegio de mi hija. Hacía 20 días que estaban y la madre no hablaba italiano. Me acerqué y les di mi teléfono. Le dije que entendía lo que estaban pasando y que me llamaran. Nos hicimos amigas y también la conecté con otra mujer brasilera que había conocido, para que pudieran desahogarse en su propia lengua. Todo comenzó por una acción de acercamiento.

Buscar gente de tu misma nacionalidad también es muy agradable y reconfortante, porque te entiendes con el otro con el mismo chiste, con los mismos códigos. Por ejemplo, hablar de inflación con otro argentino. No sólo te entiende, sino que tiene una emoción frente a lo que estás diciendo. Te conecta.

Pero eso no quita que no puedas conectar con gente de otra nacionalidad, con gente nativa del nuevo país. Vas aprendiendo otros lenguajes, otras formas de conectarte, abres tu círculo.

Aquí se tarda más en entrar a la casa del otro, que es como su corazón. Pero una vez que entraste, no sales. Al principio yo saludaba con un beso, pero me daba cuenta de que había personas a las que incomodaba. Y tuve que aprender a dar la mano y respetar. Pero pasado un tiempo, con muchas personas, llegábamos a un nivel de intimidad más profundo. Quizás es más largo el proceso, pero se llega a lo mismo.

¿Cómo se maneja la relación con la familia de origen, que muchas veces no está contenta con la decisión de migrar?

La familia de origen está haciendo su propio duelo y hay que entenderlo pero tampoco cargar esa mochila. Yo recomiendo no viajar al país de origen durante el primer año o hasta que te hayas afianzado en el nuevo lugar, ya que uno debe reafirmar la decisión que tomó y tener organizado el lugar donde vives. Tu país de origen te va a venir con mil preguntas y si tú no estás preparada emocionalmente y psíquicamente para eso, te puede desequilibrar.

¿Cómo vives el tener a los abuelos lejos?

Yo al principio me hacía mala sangre por no darles a mis hijos la posibilidad de tener a los abuelos cerca. Pero sin embargo comprendí que continúan entre nosotros a través de nuestra palabra, al recordarlos, al contar anécdotas, al enseñarles una foto, al hacer un Skype. Se crían con abuelos de otra manera. ¿Mejor o peor? No sé, es otra manera.

Y si bien, mi hija un día me preguntó por qué al colegio no la pasaban a buscar sus abuelos como lo hacían con sus compañeros generándome una incomodidad y sentimiento de tristeza, me di cuenta que no sólo preguntaba por la situación de migración sino por la idea de por qué a los otros nene sí y a mí no. Es decir que me estaba mostrando que veía diferencias. Al día siguiente me preguntó “¿por qué a mí no me viene a buscar la canguro?, y eso me tranquilizó, estaba en lo cierto. Esa tarde pasé con ella conversando de todas las experiencias y cosas que tenía ella, que la hacían única y maravillosa.

¿Cómo se logra el equilibrio entre ser mamá y ser mujer?

Es importante mostrarles a nuestros hijos que somos felices, que hacemos lo que nos gusta. Sea quedarnos con ellos o sea salir a trabajar. No eres mejor madre por hacer una u otra. Porque si tú eres feliz, eso se transforma en el clima de tu casa. La mujer tiene que reconectar con lo que le resuena por dentro. Y eso le permite criar a sus hijos con mucho amor. Porque si sientes que no puedes más, que estás triste y que no disfrutas de estar las 24hs con tu hijo, eso no sirve. 

Estoy totalmente de acuerdo con la lactancia prolongada, la alimentación saludable… Pero si eso no se puede sostener, si te estás exigiendo y te incomoda, no lo hagas más. Permítetelo sin culpa. No pasa nada si una noche estás cansada y la cena son sándwiches.

Cuando tú te mueves, todo tu entorno va a tener que moverse. Tu entorno va a pedir que vuelvas a ser la misma de siempre, porque están todos cómodos. Pero es inevitable. Cuando una hace un clic, no puedes volver a lo de antes. Y ese lugar van a tener que ocuparlo los otros, reacomodarse.

¿Cómo vas a poder nutrir a todo tu entorno cuando tú no puedes más? 

Y hay que comunicar nuestras necesidades claramente. Sobre todo a la pareja. Ser clara: no puedo más. Pedir recambio, “que entre el otro a la cancha”. Si no, llegamos al punto de la explosión y es algo que podríamos haber evitado. Saber delegar es muy importante y, al hacerlo, no hay que criticar. Hay que dejar lugar para que lo hagan a su manera. El padre también tiene otra experiencia y la mujer tiene que habilitar a ese hombre, o a la otra mitad de la pareja, a que se meta. Porque después nos quejamos. Pero, ¿le permitiste ser él?, ¿te saliste de escena? Es importantísimo para la estructura mental de tus hijos que aparezca el otro rol. No tener un rol omnipotente, de madre todo poderosa.

¿Te gustaría charlar conmigo? Porque a mí me gustaría saber de ti.

Amo escribir, pero más me gusta comunicarme con quien está del otro lado, saber tus inquietudes, dudas, aprender contigo e ir formando juntas una comunidad de mujeres que nos apoyemos en los años más bonitos y difíciles de nuestra vida.

Te espero del otro lado de la pantalla

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