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“Va a sonar un poco raro que lo digamos nosotras, pero no se necesitan juguetes para jugar”

Entrevista a Claudia y Carmen – Jugar i Jugar

Claudia y Carmen, de Jugar i Jugar, son dos mamás que guiadas por su curiosidad sobre el juego infantil y por lo que iban observando en sus hijos, decidieron montar una tienda online con una selección de juguetes exquisita. Está basada en lo que los niños necesitan en cada etapa y también en lo que a cada niño pueda gustarle de acuerdo a su forma de ser.

Para reír y jugar no hace falta mucho. Pero hoy pareciera que necesitamos un doctorado para
poder elegir juguetes o proponer actividades. Por eso quise hablar con ellas y aclarar algunas dudas

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¿Qué debemos ir observando en cada etapa para descubrir qué es lo que les gusta y poder ofrecerles material o experiencias acordes?

Hay etapas de desarrollo del juego que es interesante conocer, aunque no sea en profundidad.

Por ejemplo, que antes de los 3 años su juego principal es el movimiento corporal y la conquista de las habilidades psicomotoras.

Que a partir de los 3 comienzan a buscar el juego social con sus iguales y que comienzan a asignar roles. Que más adelante, hacia los 6, algunos pueden aceptar normas para ganar y perder.

Conocer el camino nos permite disfrutar mucho más del paisaje, por eso cuando tenemos un segundo hijo vamos mucho más relajados, porque podemos centrarnos en observar más y no en no tropezar.

Para saber qué ofrecer, es importante tener la seguridad de que sabemos bien en qué etapa de juego están nuestros niños y niñas y paradójicamente, la mejor forma de descubrirlo, es retirando el máximo de juguetes, incluso todos, y ver qué hacen. No tener miedo a experimentar y, si algo no funciona, lo podemos intercambiar con alguien o regalarlo.

Me suele pasar que tengo grandes expectativas en torno al juego. Pienso que si elijo el juguete correcto, o preparo bien el ambiente o la propuesta, mis hijos pasaran horas entretenidos jugando. Pero luego esto no pasa. Y además, hoy circulan por las redes sociales imágenes de niños super concentrados jugando con unos juguetes preciosos y piensas que así debería ser el momento de juego. ¿Cuáles deberían ser nuestras expectativas con respecto al juego?, ¿o cómo no tenerlas, mejor dicho?

La verdad es que da cierto miedo que se esté utilizando el juego como un instrumento para desarrollar habilidades y aprender cosas. Desde la mejor de las intenciones, se ha transmitido una idea errónea de lo que es el juego y eso ha hecho que los adultos se creen unas expectativas enormes. Recibimos incluso consultas de padres y madres preocupados porque sus niños y niñas no juegan a esto o aquello.

El juego es una necesidad vital, igual que comer, dormir o ser amado, los adultos debemos procurar un entorno seguro y, si podemos, unos materiales que no indiquen cómo jugar.

Nada más. Tenemos que ver el juego como un alimento más. Cuando las personas tenemos hambre, comemos. Si nos ponen delante cosas saludables, las comeremos. Y si nos ponen bollería industrial, también. Porque tenemos que satisfacer el hambre. Pues con el juego pasa exactamente lo mismo.

Las expectativas en general suelen crear mucha frustración así que lo mejor es no hacerse ninguna y mucho menos con algo tan natural como es el juego de los niños y niñas.

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Sabemos que es importante que los niños jueguen libremente, sin la intervención del adulto. Pero, por ejemplo, mi hijo de 5 años siempre quiso que jugáramos con él. ¿Qué pasa cuando el niño nos busca constantemente para jugar?, ¿respondemos a su necesidad o tratamos de fomentar que juegue libremente? Y si es así, ¿de qué manera?

Aquí estamos hablando de dos temas distintos, por un lado está la autonomía para jugar y por el otro el juego libre.

La autonomía en el juego es algo que tenemos que fomentar los adultos, es normal que cuando tenemos un solo hijo le prestemos más atención, pero debemos intentar fomentar que jueguen con autonomía desde que son muy pequeñitos. Pero que no cunda el pánico, porque siempre es un buen momento para comenzar. Si son niños mayores de 3 años, lo mejor es conseguir otros niños y niñas para que jueguen.

Si no tenemos niños y niñas en nuestro entorno cercano, está bien buscarlos porque realmente el juego es mucho más rico cuando pueden practicarlo con sus iguales. Los adultos, incluso a los que nos gusta mucho jugar, tenemos una visión muy diferente del juego. Nos cuesta bastante mantener la atención en el juego durante largos ratos y siempre intentamos abandonar y ellos notan que estamos jugando sin ganas.

Por supuesto, jugar puntualmente con nuestros hijos es genial y divertido y también hay muchas otras cosas que para ellos son un juego y que nosotros podemos hacer sin abandonar nuestro papel de adultos: contar cuentos, cocinar, inventarnos historias, salir a pasear, observar la naturaleza, etc.

¿Cuál es el rol que tiene que tomar el adulto en el juego de los niños?

Depende de la edad, pero en términos generales lo que los niños y niñas necesitan de los adultos es presencia de verdad, que no hagamos nada en concreto, sino que ESTEMOS, sin mirar el móvil, sin pensar en que hay que poner lavadoras, hacer la cena, ir a comprar. Es difícil, eso lo sabemos muy bien porque somos madres, pero intentar tener un ratito de presencia al 100% es un regalo inmenso para ellos.

Digamos que para acompañar el juego lo ideal es que seamos espectadores y facilitadores y nada más.

¿Es necesario que tengan un lugar donde jugar y tener sus juguetes o mejor si pueden hacerlo por toda la casa?

Nosotras conocemos muy poquitos niños y niñas que antes de los 7 años estén a gusto jugando solos en una habitación, todos queremos estar donde está la vida, que suele ser el comedor, el salón y la cocina, eso por un lado, y por otro está que los niños juegan todo el tiempo y en cualquier sitio y lo normal es que trasladen los materiales de un sitio a otro.

Evidentemente, esto va en función de los límites que queramos poner nosotros como adultos. Si queremos que todos los juguetes estén en una habitación concreta pues ellos deben respetarlo, pero lo que es difícil es que jueguen solos en una habitación.

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Vosotras tenéis una sección en el blog que se llama “Los niños siempre juegan y siempre jugarán a…”. Eso nos da una idea de lo natural y universal que es el juego. ¿Debemos facilitar de alguna manera este tipo de juegos?

¡Que ilusión que nos hables de esta sección! Nuestra intención con esas entradas al blog era abordar la cultura de infancia desde la perspectiva del juego. Hay juegos que todos los niños y niñas practican, independientemente de su condición social o cultural y eso nos parece fascinante.

En realidad no hay que hacer nada en particular, solo esperar que ocurra. Quizás de lo que haría faltar hablar más es de las cosas que hacen que este tipo de juego no surjan espontáneamente.

(N.de la E.: los niños siempre juegan y siempre jugarán a… disfrazarse, hacer cabañas, esconderse, juegos de manos, construir, muñecas, afuera)

Hay todo un auge de los juegos diy, preparados en casa y muchos tienen por detrás la finalidad de enseñar algo: colores, números, etc. ¿Es importante ofrecer también juegos que tienen por finalidad que “aprendan” algo concreto, lo ideal es el juego libre sin aprendizaje formal detrás o una combinación de ambos?

Mira, para esta pregunta solo se nos ocurre citar a Luis Maria Pescetti. 

“El juego es una totalidad muy compleja que apunta a una infinidad de aspectos. No es una herramienta de adiestramiento. Se parece más a una obra de arte: Nadie mira un cuadro para desarrollar su sensibilidad al amarillo.”

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Uno de los “enemigos” que tenemos los padres de hoy es el televisor y los dibujitos, las pantallas en general (salvo cuando necesitamos que estén tranquilos y ahí se convierten en nuestros mejores aliados ;), ¿cuáles son vuestras estrategias o qué sugieren para luchar contra la gran atracción que les generan?

Uff, sobre este tema se podría hacer una tesis completa. Creo que está bien plantearnos objetivos que seamos capaces de cumplir. Algo fantástico sería que las escuelas se posicionaran al respecto. Sinceramente creemos que un niño o niña antes de los 3 años no debería ni tocar una pantalla. Es más, creemos que en un tiempo la misma OMS lo recomendará así. Pero bueno, esto es más un deseo que una recomendación.

Nosotras con las pantallas somos muy punkies y consideramos que estar delante de una pantalla, incluso cuidando mucho los contenidos, hace que nuestros niños y niñas sean pasivos. Sería mejor que incluso no hicieran nada, que se aburrieran.

Partiendo de que eso es lo mejor, el siguiente paso es limitar al máximo el uso de las pantallas. Para conseguirlo, los niños y niñas deben tener una edad que les permita comprender el tiempo al que tendrán acceso. Puede ser poniendo una alarma o algo que les deje muy claro cuándo el tiempo se ha acabado.

Con niños pequeños es difícil porque no comprenden en absoluto el concepto del tiempo, ellos lo que quieren es la pantalla y hay los que pueden estarse delante 20 minutos y parar y los hay que podrían estarse horas. Por eso, cuando son pequeños, lo mejor es que no las tengan al alcance.

Cuando nuestros padres eran pequeños, no tenían tantos juguetes. El juego parecía ser algo más simple, más espontáneo. Quizás influyera el hecho de que no había tanta variedad. ¿Qué creen que ha cambiado a lo largo de una generación?, ¿y también por qué hoy los padres tenemos tantas dudas con respecto al juego?

Va a sonar un poco raro que lo digamos nosotras, que tenemos una tienda de juguetes, pero no se necesitan juguetes para jugar porque el juego es mucho más que un juguete.

Nosotros no necesitábamos tantos juguetes porque salíamos más a jugar a la calle con nuestros iguales, los juguetes nos los inventábamos con palos, piñas y piedras. Jugábamos mucho a perseguirnos, a escondernos, a saltar con una simple cuerda.

No lo sabemos, pero quizás tenemos tantas dudas sobre el juego porque hemos depositado en los juguetes unas expectativas muy altas y pretendemos substituir el juego con otros niños y niñas en la calle y sin supervisión adulta. Pero siendo sinceras y realistas, ningún juguete, por magnífico que sea, podrá substituir nunca eso.

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