MamaJoy

Soy Maria Larrauri, comunicadora Y periodista

Comencé mi carrera como periodista de economía en Argentina, pero luego de tener a mi primer hijo, dejé de trabajar y mis intereses fueron cambiando drásticamente.

Tengo dos hijos pequeños, Manuel de 5 años y Lucia de 2 y medio

Antes de ser mamá, las ideas que tenía en la cabeza sobre la crianza eran las tradicionales. No entendía cómo mis amigas permitían que sus hijos durmieran con ellas o por qué les era tan difícil dejar de dar la teta o hacer que sus hijos les obedecieran.

Durante mi primer embarazo, me dediqué a disfrutar de lo que para mí fue el momento más agradable de mi vida. Me sentía estupenda, llena de energía, con el humor súper arriba todo el tiempo. Recuerdo que empecé a leer “La maternidad y el encuentro con la propia sombra” (Laura Gutman) y lo abandoné a la tercera hoja pensando “qué exageración”. Unos meses más tarde, ese libro se convirtió en mi guía, en mi refugio, en el único lugar donde me sentía comprendida y podía entender que no me estaba volviendo loca.

Lo que me pedía mi cuerpo y mi instinto no tenía nada que ver
con la idea que yo tenía de la crianza. Necesitaba tener a mi
bebé pegado a mí, se me hacía un hueco en el estómago cada vez que lo escuchaba llorar, me sentía frágil y poderosa a la vez.

En busca de nuevas respuestas, dediqué mucho tiempo a leer sobre maternidad, crianza, lactancia, juegos, alimentación. El mundo infantil comenzó a tornarse fascinante para mí. Y al mismo tiempo, la maternidad supuso un profundo camino de autoconocimiento, de quitar cosas que no me gustaban de mí y descubrir otras nuevas.

La crianza natural, la lactancia prolongada, el colecho, las palabras en lugar de los gritos, el respeto de su autonomía y de su esencia, el cuidado de la
alimentación, el cuidado de lo que leen, de los dibus que miran, la preocupación por cómo les decimos las cosas y cómo las interpretan, el pedirles perdón cuando nos equivocamos, el
aprender a ponernos en su lugar y saber leer sus intenciones…

¡Claro que es más fácil criar de manera autoritaria y sin tener en cuenta todo lo anterior! Porque reconozcámoslo, la crianza natural y respetuosa es agotadora.

Físicamente y también mentalmente. Porque nuestra cabeza y nuestra auto exigencia no nos dan respiro. Siempre nos parece que podemos hacerlo mejor, que deberíamos haberlo hecho de otra manera. Ponemos el foco en lo que nos falta mejorar y nos torturamos cuando creemos que hicimos algo mal.

Hay tanta exigencia sobre nosotras, que en el camino nos vamos olvidando de que tuvimos hijos para disfrutarlos y hacerlos felices, y no para ir tildando ítems de la lista de “la madre perfecta”.

Y también está la culpa, que muchas veces nos impide volver a generar nuestro propio espacio, ese en el que nos podemos olvidar por un rato de que somos mamás, hablar de otras cosas, salir del mundo niño, reconectar con lo que nos da placer, volver a nuestros trabajos o reinventarnos.

Con el nacimiento de mi hija pequeña, mi hijo mayor comenzó a atravesar una crisis muy fuerte. Crisis normal, pero agotadora. Su ira, mi cansancio y la ausencia de ayuda por vivir lejos de nuestra familia, fueron mermando mi paciencia. Y a pesar de los libros leídos y de saberme la teoría, poner en práctica lo aprendido comenzó a hacérse cada vez más difícil. 

Como si fuera poco, unos meses más tarde, nos fuimos a vivir a otro país. El cansancio y el estrés se multiplicaron exponencialmente. Pero yo seguía sin aflojar, sin reconocer que estaba agotada, que no podía con todo sola, que debía delegar y dejar de exigirme. Y el cuerpo empezó a dar señales de alarma. 

No recuerdo exactamente qué fue lo que me hizo hacer el click y pasar a la acción. Pero un día tomé la decisión de mostrarles a mis hijos que su mamá es una mujer feliz y no una madre perfecta.

Juntando mi propia experiencia, con mi pasión por comunicar y establecer redes, nació la idea de MamaJoy, con la intención de generar un espacio donde las mujeres que son madres puedan ir encontrando pistas de por dónde empezar a cuidarse, a volverse a mirar y a reconectar con lo que les da placer.

Si bien la crianza respetuosa, la alimentación saludable, las propuestas de juego de calidad, son cosas que me fascinan y que se verán reflejadas en
lo que comparto, la idea es lograr que la maternidad fluya, que barramos la culpa y aligeremos la carga.

Y para eso es también necesario que hablemos de maternidades reales, del cansancio que sentimos, de las ganas de salir corriendo, de las veces que ponemos dibujitos para poder tomarnos un café en paz, de lo perdidas que nos sentimos y de cuánto necesitamos que nos den una mano. 

De todo eso que no es muy “instagrameable”, pero que es tan sanador cuando lo compartimos.